Venezuela: oscuridad color petróleo

0
71

En Venezuela, la crisis ha escalado a condiciones primigenias, casi que se podría decir que en el país suramericano el reloj corre en reversa. El mundo es testigo de la descomposición de la otrora supereconomía del petróleo. Ahora, después de escuchar relatos de hambre, el pueblo venezolano tampoco tiene luz.

Numerosos apagones han invadido la cotidianidad de casi todos los Estados del país. Los apagones están sucediendo al ritmo de uno por semana. El último duró, acaso, horas, y afectó a 20 de los 23 Estados el viernes 29 de marzo, apenas dos días después de que el suministro de electricidad haya vuelto a la normalidad.

La respuesta de las instituciones no dice mucho del problema de fondo. Para las autoridades, se trata de carencias estructurales. Carencias en un sistema nacionalizado por Hugo Chávez hace poco más de una década y que ahora, ante la inestabilidad financiera del Gobierno, está canalizado y a medio motor.

Los apagones han estado perjudicando los aeropuertos internacionales, como el de Maiquetía, el transporte, hospitales (la primera crisis eléctrica, que amasó cerca de 100 horas de oscuridad, vio morir al menos a 20 personas, internadas la mayoría en centros de cuidado sin suministro) y provocan desordenes civiles, como saqueos y mítines violentos.  

La falta de inversión, la precariedad de las estructuras obsoletas y una desfinanciación del sistema que carece de mantenimientos periódicos, muy seguramente ahondarán en la problemática de los apagones. Marzo es la introducción de un fenómeno que promete durar meses.

“Esto va a continuar, la situación es gravísima, vienen más apagones y racionamientos […] En todo el sistema completo se están generando a duras penas entre 5.500 y 6.000 megavatios de una capacidad instalada de 34.000 megavatios”, dijo a la agencia de noticias AFP Winton Cabas, presidente de la Asociación Venezolana de Ingeniería Eléctrica y Mecánica.

El experto asegura que buena parte del caos en el sistema tiene que ver con la llamada fuga de cerebros, es decir, la huida de miles de profesionales calificados entre los 2.7 millones de venezolanos que han emigrado desde 2015.

Venezuela, en el mandato de Nicolás Maduro, ha visto el desangramiento de uno de los mayores exportadores de petróleo a nivel mundial, que ahora sufre una inflación proyectada para 2019 en 10.000.000% según el FMI.

Aún así, estos apagones tienen antecedentes. En 2010, Chávez comenzó a racionar la electricidad en los Estados del interior. Justificó la decisión por una “fuerte sequía” que afecto la represa de Guri (Bolívar), la fuente del 80% de la electricidad en todo el país y segunda más grande de Latinoamérica después de Itaipú (Brasil-Paraguay).

Y así llegamos al 7 de marzo de 2019, con el apagón más largo en la historia de Venezuela. Cinco días de oscuridad color petróleo para Caracas y 22 estados de la nación. El Gobierno dijo que todo se trató de un “ataque cibernético” contra Guri por parte de Estados Unidos y la oposición.

“Los apagones son consecuencia de un modelo político, institucional y económico […] yéndose el gobierno, vamos a tardar entre siete u ocho años en reconstruir el sistema eléctrico, que tardó muchos años en construirse y ellos lo destruyeron”, dijo también a AFP el analista Luis Salamanca.

Para un país que tiene como 96% de ingresos el petróleo, los persistentes apagones son una clara amenaza. Las fallas eléctricas pueden perjudicar la producción de campos como el del Lago de Maracaibo, en Zulia, que paraliza sus operaciones ante los apagones.