Sobre la conveniencia de convenir: el caso de la Amazonia

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En el campo de los medios de comunicación, el impacto que han tenido las ahora llamadas fake news, o noticias falsas, es indudable. La forma en que nos relacionamos con la verdad y la mentira también ha cambiado. El término posverdad, que se refiere sencillamente a la alteración, distorsión o manipulación de la realidad con el fin de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales es un concepto clave.

¿Qué asimilamos y que no asimilamos como verdad? Al parecer, al leer noticias e informarnos de lo que sucede, la verdad es el último de los fines. La manera en que interactuamos con la información que circula en los medios de comunicación, ya sea internet, televisión, radio o impresos, está mediada por muchas dimensiones: alineación política, educación, trasfondo cultural, entre otros.

El tema fundamental que nos ocupa actualmente tiene que ver con los incendios que tienen lugar en la selva amazónica de Brasil y, en general, aquello que conocemos como cambio climático.

Será conveniente detenernos en el término cambio climático. ¿Qué nos produce internamente el leer una frase como esta? Un dato histórico servirá: Cuando, a finales del siglo pasado, comenzaron los estudios científicos formales sobre el impacto de la acción humana en los recursos naturales, surgió una conclusión interesante. El humano, y sus modos de producción industrial, han afectado negativamente al medio ambiente. Por supuesto, para la estructura económica que nos sostiene como sociedad, una conclusión como esta puede llegar a ser perjudicial.

Con esto en mente, Frank Luntz, consejero y estratega político republicano, recomendó a la Administración del entonces presidente George W. Bush Jr. referirse a este fenómeno como cambio climático, suprimiendo otros términos como calentamiento global, emergencia climática o crisis. Luntz argumentó que el término cambio climático producía mucha menos preocupación entre la población, a la vez que rebajaba la intensidad del fenómeno.

Como sociedad, es increíblemente conveniente establecer contratos sociales: nos ayudan a vivir en comunidad, organizarnos como grupos productivos y concertar prioridades.

De todas las prioridades que hoy nos atañen, el futuro del medio ambiente debe alzarse entre las primeras. ¿Cómo? Conviniendo conjuntamente y aceptando que se trata, en suma, de una hecho real y concreto que amenaza la existencia de la humanidad tal y como la conocemos.

Ir en contravía de la ciencia ha demostrado tener un impactó político favorable. Al fin y al cabo, en la política, la verdad es fabricada y será siempre un medio. Pero en el mundo real, fuera del ámbito de los votantes y las campañas, las estrategias políticas definen el curso de las naciones. En algunos casos, como el de la gestión de una emergencia ambiental en el Amazonas, las consecuencias son compartidas internacionalmente.

Decidamos, como sociedad, atender a las recomendaciones que la ciencia nos propone en este momento histórico. Decidamos creer. Convengamos entonces que atravesamos una crisis medioambiental, y que es necesario actuar en consecuencia. O convengamos o arriesguémonos, con las consecuencias que ello implica.