La visión 20/20

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Si alguna vez han visitado al oftalmólogo sabrán que la visión 20/20 se refiere a la agudeza visual que te permite ver con claridad los objetos a 20 pies de distancia, lo que equivale aproximadamente a 6 metros. Es la visión “normal”.

Las estadísticas reflejan que solo un 35% de todos los adultos tiene una visión 20/20. Esto explica porque a la mayoría nos toca usar algún método correctivo, por lo general lentes o cirugía. Y es que, al final, lo importante es que logremos ver con claridad encontrando el lente y la luz que nos acomode mejor.

Este primero de enero, mientras compartía a la distancia las distintas formas de celebrar el nuevo año a través de Instagram, me encontré con el hashtag #vision20/20 al pie de muchas de las fotos que contemplé.

Se me ocurrió que el año 2020 puede ser una invitación a lograr la visión normal y a tener agudeza visual en lo que tengo a mi alrededor, al espacio en el que puedo influir y, como explicaba antes, la mayoría de las veces no es mucho más que los 6 metros que tengo de radio de acción.

El año 2020 es una invitación a preguntarse: ¿qué es lo que quiero y puedo ver? ¿Veo desenfocado? ¿Necesito lentes? ¿Qué tipo de lentes necesito? ¿Cuánto estoy dispuesto a invertir para corregir mi visión? ¿Necesito más luz? ¿Me gusta lo que veo? ¿No me gusta? ¿Cómo lo puedo cambiar? ¿Qué puedo hacer para mejorarlo?

Nuestra visión como inmigrantes tiende a estar marcada por la dificultad para enfocarnos en nuestro presente. En la mayoría de los casos, nuestro foco sigue aferrado a nuestra tierra de origen, a todo lo que perdimos en la transición a otro país, a todo lo que no pudimos traernos en la maleta (afectos, olores, sabores, colores) y que va tiñendo nuestra mirada de un halo melancólico que limita nuestra agudeza visual.

Otros, en cambio, intentan borrar la visión de su pasado y de su historia y no quieren saber nada de lo vivido hasta entonces, pretendiendo comenzar una vida “totalmente distinta o nueva” y renegando de sus raíces pensando que así la adaptación será más fácil y podrán saltarse el duelo de todo aquello que dejaron atrás.

En este caso, también el resultado es una visión borrosa porque no se puede construir vida presente sin historia y sin pasado. La visión normal la obtienen aquellos inmigrantes que se interesan por conocer la cultura y tradiciones locales tratando al mismo tiempo de mantener sus costumbres y rituales propios de su región. Es un esfuerzo que requiere de gran esfuerzo y de mucho trabajo.

Lo primero es detenerte a reflexionar cuánto de tu tiempo y de tu visión estás dedicando a tu vida en este país en comparación con la vida en tu país de origen. ¿Sabes más de las noticias de tu país que de lo que pasa en tu vecindario? O, por el contrario, ¿hace ya demasiado tiempo que te desconectaste por completo de tu país de origen? En ambos casos, la metáfora de los lentes correctivos nos puede servir para ilustrar la necesidad de ajustar nuestro foco y nuestra visión hasta lograr un balance que nos permita ver y estar en el presente y, al mismo tiempo, integrar nuestra experiencia pasada a esta nueva mirada para enriquecerla con los colores únicos de nuestra tierra.

En este mes de enero, donde todos hablan de resoluciones o intenciones de año nuevo, atrévete a invertir en tu visión personal y pregúntate que necesitas para que esa imagen de lo que quieres hacer o lograr sea lo más nítida posible. Ábrete a buscar ayuda, trabaja en equipo, porque, como dicen por allí, “cuatro ojos ven mejor que dos”. Enfócate en los 6 metros que tienes a tu alrededor y pon toda tu energía en ese espacio de trabajo o espacio personal en el que puedes influir y dejarte influir. Ábrete a nuevas imágenes.

Vengo de un país con una montaña mágica que nos obsesiona a todos los que nos sentimos venezolanos. No conozco venezolano, especialmente caraqueño, que no busque dentro o fuera de sí esa visión del Ávila en un intento por recordarse a sí mismo que sigue habiendo belleza y prodigio en la capital de la peor economía del mundo.

A veces siento que me estoy volviendo adicta a ver imágenes del Ávila y de Caracas en las redes sociales para no perder de vista de dónde vengo y, por tanto, quien soy.

Hay muchas cosas que debería estar haciendo en vez de eso y también debo mirar más a mi alrededor, a la ciudad donde vivo y no a la que dejé atrás.

Es enero, y la nostalgia me quiere desenfocar, entonces me aferro a los 6 metros a mi alrededor y encuentro que son muchas las fotos de esta ciudad que también puedo tomar y que he tomado a lo largo de estos años.

Que la visión de un inmigrante no es la de una imagen sino la de múltiples imágenes que pueden convivir y enriquecer el panorama si estamos dispuestos a enfocar y desenfocar según lo amerita el caso.

¡Deseándoles un claro y nítido año 2020!