La ejemplar respuesta de Dayton ante la manifestación de un grupo supremacista

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La presente edición incluyó una nota (ver página 4) en donde expusimos la reacción de la comunidad de Dayton ante la enorme inquietud que suscitó la manifestación de un grupo afiliado al KKK, a decir, Honorable Sacred Knights, de Indiana.

Ante la mira de todos los medios, la administración de Dayton gestionó de tal modo el proceder de los hechos, que tenemos, en un primer momento, algo por lo cual agradecer a las instituciones que hicieron posible la paz durante la jornada. La Policía —con agentes de varias ciudades de Ohio— y la oficina de la alcaldesa procuraron las garantías necesarias para hacer del pasado 25 de mayo un día de paz.

Pero la paz no implica ausencia de confrontación. Todo lo contrario. Y, llegados a este punto, el agradecimiento se dirige a la comunidad de Dayton, que se opuso con solidez a un discurso de odio, a un discurso antisocial y discriminatorio. El compromiso político de los que, en Courthouse Square, se pararon frente al cordón de seguridad en apoyo de afroamericanos, minorías étnicas, inmigrantes y personas LGBT, rechazando las intimidaciones de las corrientes supremacistas que tiñen con oscuridad el norte de la sociedad estadounidense.

Al temor del país por los antecedentes de Charlottesville hizo frente una sociedad políticamente madura, orientada a la apropiación de la unidad entre diferencias, de la heterogeneidad social como bandera de diversidad y respeto por la dignidad humana.

Aun cuando los apenas nueve miembros del grupo supremacista decidieron pronunciarse verbalmente en su espacio reservado (simbólicamente llamativo por la separación entre manifestantes y contra-manifestantes), los contra-manifestantes respondieron con arengas y gritos, de manera que sus palabras se disolvieron en el aire. Numerosos carteles invitaban a la paz y a la aceptación. Así mismo, el trabajo de distintas organizaciones sociales fue necesario para aumentar la cohesión de la comunidad en momentos de inquietud.

Porque, en definitiva, hay discursos censurables. Aquellos que rompen con una regla básica de la vida en sociedad: el valor por la vida humana, en todas sus dimensiones.

Ahora bien, no es gratuito que una tendencia parezca avivarse con mayor potencia en Estados Unidos. Un discurso que parece encontrar eco de costa a costa. El discurso de la uniformidad, de la homogeneidad, de la “verdadera América”. Pero no se engañen, ninguna otredad es buena tanto como ningún “nosotros” es confiable.

La respuesta de la comunidad de Dayton es, en definitiva, una enseñanza de comportamiento social para el resto del país. Un ejemplo de cómo reaccionar a lo que no nos representa como nación. Y en épocas donde este dispositivo del odio encuentra cabida, es donde más debemos gritar en sintonía, para acallar el ritmo del odio.