Esperar, escuchar y pensar para el fenómeno migrante del país

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Aunque el calendario cambia de año y los números aumentan, muchas cuestiones parecen repeler al tiempo y consiguen, de alguna manera, atravesar ilesas el progreso de la historia, sin alterarse, sin modificar mínimamente su estructura.

Así sucede con el fenómeno de la inmigración en Estados Unidos, donde, a pesar de que han ocurrido ya varios acontecimientos, suficientes en su magnitud para asombrar a la sociedad y al mundo, no parece encontrar salvedad.

Ninguna de las orillas de la frontera parece preocuparse por cambiar la inestable situación, y habrá que esperar a que estallen nuevos hechos mediáticos hasta que alguien decida tomar consciencia y actuar desde la cabeza del estado.

Ni por un lado, el inicial, son contrarrestadas las causas de la migración masiva, que no son más que las mismos de siempre: violencia, falta de oportunidades y el debilitamiento de las instituciones del estado. En Tijuana, son cientos las personas que por su desesperación pelean con las mismas autoridades fronterizas, como si de una batalla por el territorio se tratara.

Estados Unidos, por otro lado, no encuentra consenso en el Congreso y el cierre del gobierno ha afectado a varias dimensiones de la función pública.

¿Quién tiene la culpa ante las muertes de los niños inmigrantes que fallecieron en los albergues fronterizos? Son cerca de 400 las personas que murieron en lo corrido del 2018 al intentar cruzar la frontera de forma ilegal, según datos de la organización Proyecto Migrantes Perdidos.

Amparados de DACA o del TPS también son afectados por la incertidumbre de las decisiones que aun están pendientes por tomar, y, aun así ¿alguien puede ser señalado?

Siquiera una figura individual, o, más fácil, una institución u organización puede ser la culpable de un hecho tan complejo, de entramados y perspectivas tan diversas.

Por el momento, lo único que puede solventar provisionalmente el inestable conflicto social, son medidas apenas transitorias, temporales, pero humanitarias al fin y al cabo. Más importante es pensar en conjunto, y hacer uso de uno de los más grandes pilares de la democracia: el acuerdo, la discusión, el consenso.

Las figuras en poder tienen que escuchar, porque, de otra manera, las decisiones unilaterales no garantizan la plena solución del problema, y, mientras exista una mayoría que se ha ganado su derecho a ser escuchada y tenida en cuenta a través de colaboraciones reciprocas, entonces tienen su espacio en el proyecto de nación que desde arriba se construye.