En representación de Latinoamérica: Roma en los premios Oscar

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Una gran película nunca es la idea que luego pasa a ser historia. Una verdadera gran película logra encontrarse en cómo se cuenta la historia de la misma y, en particular, cómo la ve y recibe el público.

Algunos de los mejores cineastas saben cómo guiar suavemente nuestra mirada hacia lo que importa y mantenerla allí, haciendo señales para que veamos lo que de otro modo nos podríamos perder. En otras palabras, las grandes películas nos hacen prestar atención de una manera que a menudo dejamos de hacer en nuestra vida cotidiana.

Eso es lo que Alfonso Cuarón logró con Roma, quien el pasado domingo logró hacerse con 3 de las 10 nominaciones al Oscar, siendo estas a Mejor Director, Mejor Película Extranjera y Mejor Fotografía. Roma hizo historia que otras películas extranjeras, como La vida es bella (Italia, 1998) El tigre y el dragón, (Taiwán, 2000), y Amor (Austria, 2012) sólo habían logrado, además de ser la primera película hablada en español (y en ciertas partes, lengua mixteca) que logra 10 nominaciones.

Además, su protagonista, Yalitza Aparicio, mexicana de origen mixteco, casi se hace con el Oscar a Mejor Actriz, siendo esto un hito, al ser la primera mujer indígena en ser nominada a un galardón de tanta importancia.

La película es personal para el director, que formó a su protagonista, Cleo (Yalitza Aparicio), a partir de una mujer que había trabajado para su familia y que, además, lo crió. El amor por ella, que capta claramente en la pantalla, y el cuidadoso respeto que le rinde como centro de la película, es imperdible.

De una manera sutilmente autobiográfica, Roma es el reflejo de América Latina, que se ve representada aquí en la cultura y la vida cotidiana de la clase media, específicamente en la Colonia Roma de la Ciudad de México, que comenzó a experimentar la agitación política de principios de los años 70.

Al hacer a Roma tan rica visualmente y tan convincente, Cuarón nos pide que le mostremos el mismo respeto: ralentizar nuestros corazones, dejar de lado las expectativas y dejar que la película hable por sí misma.