En los próximos cuatro años, la política migratoria debe ser una prioridad

Los fenómenos migratorios han cambiado de manera radical a lo largo de estas últimas dos décadas en Latinoamérica. Nuevas variables se han sumado al ya complejísimo intrincado de elementos que hacen de este fenómeno, sobre todo en Estados Unidos, un hecho de gran preocupación.

En definitiva, han cambiado los actores y grupos sociales, las políticas migratorias de recepción de inmigrantes en los países de destino, la situación en los países de origen y la actitud política hacia los inmigrantes, que ahora —más que nunca— es un acucioso lema de campaña.

Por este motivo, y cuando las campañas por la presidencia de 2020 comienzan a mover el polvo de la arena de batalla tanto entre Demócratas y Republicanos, los latinos debemos comprender de qué forma el fenómeno migratorio debe leerse en las contiendas.

Más allá del hecho político propiamente, aquel por el cual la inmigración se problematiza para provocar movilizaciones en la actitud de los votantes, el fenómeno migratorio debe ser analizado en su esencia material, es decir, considerando sus variables de repercusión inmediata.

Estas variables pueden resumirse así:

  1. Existe, actualmente, una crisis fronteriza: la capacidad institucional de los establecimientos encargados de atender a los migrantes que solicitan asilo y protección no da abasto.
  2. Relacionado con lo de arriba, la cantidad de migrantes que se acercan a la frontera para solicitar asilo a un gobierno extranjero, ha aumentado de sobremanera.
  3. Las razones de estas movilizaciones son complejas, pero debemos recordar que, al contrario de hace algunas décadas, las olas migratorias en la actualidad tienen que ver con necesidades estrictamente humanitarias.
  4. Una de las principales causas de la migración en masa (que, en vez de México, parten de tres países de Centroamérica: Honduras, Guatemala y El Salvador) es la inestabilidad de estos países. Violencia, crisis políticas y economías inseguras que hacen que la vida allí sea apenas sostenible.
  5. Por otro lado, si antes el fenómeno migratorio se caracterizaba por una modalidad de migración particular: generalmente hombres jóvenes que buscaban trabajo; la cuestión ahora es diferente. Se trata de núcleos familiares completos que buscan asilo y todo lo que deriva de la figura legal del asilo.
Las dinámicas de migración han variado sustancialmente en los últimos años. La principal característica en la actualidad tiene que ver con las olas familiares de migrantes provenientes de países de Centroamérica. Fotografía: Edgard Garrido/Reuters.

Pero estas problemáticas escapan del control estadounidense. Y la solución que el gobierno de turno ha propuesto ha sido construir un muro en la frontera. Solución, por supuesto, aceptable pragmáticamente, pero que deja por fuera las variables que mencionábamos anteriormente. El muro servirá para detener a los migrantes que cruzan ilegalmente la frontera, un número que, por lo demás, ha ido reduciéndose considerablemente por un espacio de siete meses, según datos de Customs and Border Protection (CBP). Los agentes de CPB aducen que este decrecimiento se debe en parte a la política de tolerancia cero propuesta por el gobierno de turno.

Queda, sin embargo, el problema mayor y complejo. Y es que un muro no detendrá a las miles y miles de familias que se acercan diariamente a los centros de migración fronterizos entre Estados Unidos y México para solicitar asilo, es decir, por medios legales.

La capacidad operativa de estos centros está colmada, y las recientes políticas (petición de asilo en el segundo país después de abandonar el de origen y espera de respuesta de asilo en países ajenos al de la petición), hacen que la situación para este gran grupo de personas empeore.

Se ha constituido un corredor humanitario en la frontera. Existe una crisis, si. Pero no es de orden gubernamental, es de orden humanitario, que requiere una reacción gubernamental integral, entre las soberanías centroamericanas y norteamericanas.

Robos, violaciones y trata de personas son denuncias constantes entre las familias que esperan al otro lado de la frontera. Adentro, la situación no cambia en los centros de detención, donde las condiciones de vida han resultado escatimadas. Ese es el dilema que afecta a esta población.

Una vez recorridas estas variables materiales, que necesitan de una operación estatal inmediata, deben ser reconsideradas las actitudes hacia los inmigrantes que han saltado en los lemas de campaña de las últimas elecciones presidenciales, y se consolidan con mayor fuerza en las siguientes.

Antes de provocar una actitud diseñada en los votantes, debe ser evaluado, técnicamente, el complejo fenómeno migratorio que hemos identificado de manera muy sucinta. Las campañas presidenciales que quieren tomar el poder público el próximo noviembre, deben atender a la problemática de raíz, y no superficialmente, construyendo una política migratoria que contemple las variables migratorias actuales.

Por supuesto, quedan pendientes varios desafíos, relacionados principalmente con el estado de cosas en el interior del país. Nos referimos, expresamente, al grupo social de los jóvenes que hacen parte del DACA, los Dreamers, cuya situación migratoria se encuentra en vilo desde que el gobierno de turno suprimió el programa que les permitía estudiar y trabajar en el país. De esto se sabrá pronto, cuando la Corte Suprema decida a favor o en contra de la decisión presidencial.