El episodio mediático de CovCath, o la grieta social de la polarización

0
3

El pasado 18 de enero, en Washington D.C., se llevó a cabo la March for Life, que congregó a distintos sectores sociales a manifestarse en contra del aborto. El evento es multitudinario y se repite anualmente.

La edición de este año coincidió con una manifestación paralela, la de los grupos nativos que se unieron a la Indigenous Peoples March.

Ambas movilizaciones sucedieron muy cerca de Lincoln Memorial, adonde asistieron también personas de la sociedad civil, políticos y sectas.

Pero lo que allí ocurrió, y no tanto lo que ocurrió como lo que quedó grabado en el imaginario colectivo de la sociedad gracias a la distribución mediática de las imágenes y videos que alimentaron la euforia de la opinión pública, es un evento para recordar y reflexionar.

La escena no necesita mayor descripción, Nick Sandmann estudiante de Covington Catholic High School (escuela masculina privada y católica de Covington) se encuentra frente a frente con Nathan Phillips, indígena de la tribu Omaha y veterano de la Guerra de Vietnam.

El primero usa una gorra MAGA (Make America Great Again), icono de la campaña presidencial de Donald Trump, figura a la que Sandmann parecía estar asociado, al igual que el resto de sus compañeros de escuela, que la vestían en mayoría. El segundo, ya mayor, le mira directo a los ojos, mientras canta y toca un tambor tradicional.

El lenguaje corporal del primero deja entrever algo entre burla y conmoción. Sonríe, mira directamente sin emitir palabra. Su gesto es único y no se separa del indígena. El segundo continua inexpresivo, canta y toca.

Y la escena dura solo un minuto, o por lo menos la versión publicada por la cuenta de Twitter, @2020Fight, la que se viralizó y circulo por todos los medios y redes sociales. Esta, que acabamos de rememorar.

Inmediatamente después de publicado el corto video, las facciones civiles comenzaron a tomar partido de la opinión. ¿Por qué se enfrentan estas personas? ¿Se burla el estudiante Sandmann del anciano, que toca sus instrumentos tradicionales? ¿Es una manifestación del racismo y hostilidad con que los seguidores de Trump se dirigen a su contraparte? O por otro lado, ¿qué ha hecho el estudiante para merecer las criticas y etiquetas de racista, cuando lo único que hace es sonreír? ¿Por qué todos parecen echársele encima?

Personas como el mismo Trump tomaron una postura clara: “los estudiantes de CovCath son victimas de las Fake News”. Otros, y sobre todo sectores progresistas acuñaron rápidamente la actitud del estudiante como una malintencionada y ofensiva forma de agresión en contra de los grupos indígenas.

Pero, ¿quién tiene la razón?

Nadie. Tanto sectores conservadores como progresistas (o mejor, “derecha” e “izquierda”) fueron timados y graciosamente incluidos en una obra irónica de nuestros tiempos: la polarización, que llevó a muchas personas a dirigir un veredicto precoz sobre la situación.

Porque más adelante fueron publicados más videos, desde distintas perspectivas y ángulos, que dan cuenta de que la confrontación entre el estudiante Sandmann y el indígena no tuvo una causa legitima. Fue más bien una equivocación mutua. Se repartieron culpas por un pequeño suceso: ambos creían que había sido el contrario quien les había ofendido con arengas y gritos racistas. Estos dos actores, estudiantes y nativos, fueron los únicos en foco.

Lo que ahora se sabe es que al altercado se unió un tercer actor, precisamente, una secta supremacista, conocida por sus posiciones racistas, xenófobas y homofóbicas: Black Hebrew Israelites.

Videos en internet muestran a los miembros de Black Hebrew Israelites gritando ofensas contra los estudiantes de CovCath y contra los nativos americanos.

Los videos posteriores exhibieron a miembros de esta pequeña agrupación, que también asistieron a las marchas, mientras ofendían a diestra y siniestra, tanto a los estudiantes de CovCath -les ofendieron por su alineación con Trump al llevar gorras MAGA y se burlaron de sus posibles “conductas homosexuales” por pertenecer a una institución católica y masculina- y a la tribu nativa, cuando, entre otras cosas, lanzaban señalamientos racistas como “Look at those slaves to the white man!”.

Mientras todos ignoraban el protagonismo de este tercer actor, parte y parte de las dos líneas políticas se debatían a muerte verbal por definir un culpable. La polarización en su máxima magnitud: es el dilema de héroes y villanos, del bien y el mal, de los justos y los inmorales.

Y las consecuencias fueron materiales, o por lo menos eso denunciaron los estudiantes de CovCath: amenazas de muerte y tiroteos.

Este relato puede darnos una radiografía de la división política en el país, y de como tomar partido, literal y radicalmente, conduce a las comunidades a la gresca.

Qué tan bella habría sido otra imagen que no sucedió: la de los estudiantes conservadores y los nativos americanos, ambos, en compañía y cooperación, cargando en contra de los supremacistas y verdaderos racistas.