Contribuciones alternativas a la crisis migratoria de la frontera

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Recientemente, tuvo lugar en Mérida (Yucatán, México) una reunión entre asesores y representantes del Departamento de Comercio de Estados Unidos y el presidente del país anfitrión, Andrés Manuel López Obrador. Del encuentro se destacan las intenciones: una revisión a la hoja de ruta deseada para invertir en el sector privado, aumentar el crecimiento económico y el empleo de la región fronteriza.

El flujo migratorio hacia Estados Unidos ha, ciertamente, cambiado de esquema. No podemos hablar en los mismos términos de hace una década. Ya no es México el lugar de salida de los inmigrantes que buscan entrar acceder al sueño americano. Lo son, sobre todo, centroamericanos de tres países: Nicaragua, Honduras y El Salvador.

Ahora bien, ¿por qué es importante la iniciativa entre México y Estados Unidos por invertir en el sector productivo de la frontera? Primero, es prueba de fair play. Al menos para un sector de la gestión pública que está más cerca de la técnica que de la política real, el Departamento de Comercio estadounidense. Ambas naciones establecen un diálogo desde el campo de la ciencia económica, y se buscan soluciones alternas a la problemática inmigratoria, por encima del discurso racista y xenófobo, más encaminado a congregar votantes que a resolver conflictos.

Segundo, es el camino fiable, al menos desde un punto de vista social. Las causas del movimiento inmigratorio, las caravanas y las peticiones de asilo pertenecen al orden de la desigualdad social centroamericana. El tumulto que se vive actualmente en las tres naciones mencionadas antes es de proporciones delicadas. Nicaragua, Honduras y El Salvador viven sus peores momentos, solo tapados por la gran nube que representa la crisis venezolana. La zozobra es tanta, que la población abandona sus propios países.

Y, así, cambian también las dinámicas. Los centros de control migratorio están funcionando a medio motor en Estados Unidos porque hay un gran proceso burocrático. Los cruces ilegales y su necesaria gestión no deberían preocupar tanto a la gobernación norteamericana como mejorar el sistema de los centros de control migratorio en la frontera.

Eso, combinado con una fuerte inversión al sector productivo de la frontera y un esfuerzo bilateral entre Centroamérica y Estados Unidos para invertir en proyectos de desarrollo económico pueden conducir a mejores resultados que la persecución al inmigrante. Venezuela en un ejemplo de ello. Como nación, está siendo, por increíble que parezca, evacuada. Y si no fuera por al apoyo soberano de distintos países latinoamericanos, el flujo migratorio de venezolanos fácilmente podría convertirse en una crisis de orden regional.